Seguridad Vial - Técnicas de conducción segura

27 May 2016

¿Cuáles son las causas del miedo a conducir en la mujeres?  


Existen diversas causas predisponentes para la adquisición del miedo a conducir. En general, en un mismo individuo habrá varios motivos confluyendo y provocando el temor a conducir. Todas las razones argumentadas por quienes tienen algún tipo de temor a manejar suponen situaciones reales que han experimentado a lo largo de su vida o cuando han intentado aprender a conducir; sin embargo que esos hechos hayan hecho mella en la persona tiene que ver con rasgos de su personalidad, depende de su subjetividad, y posiblemente similares situaciones no producirían los mismos efectos en otras personas.

Podemos observar que confluyen en el mismo problema dos variables que condicionan el aprendizaje: una es la variable biológica desde un matiz claramente neurológico ( la capacidad de adquisición de nuevas destrezas o habilidades físicas, muy importantes a la hora de conducir, que se presentan como coordinación viso motora); y otra es una variable estrictamente psicológica, la capacidad de ponderación de los riesgos que se toman en todo nuevo emprendimiento.

MIEDO A TENER UN SINIESTRO DE TRANSITO

Gran cantidad de mujeres temen salir a manejar por este motivo. Sienten al tránsito de nuestra ciudad como algo amenazante, y quienes recorremos las calles de la ciudad cotidianamente creemos que no es para menos. El tránsito en Argentina, como al igual que en las grandes ciudades, es muy movido, y constituye un motivo fundamental para que mucha gente tenga temor a manejar en la vía pública.

EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS

Un origen habitual del miedo es el trauma. Por ejemplo, en muchos casos el temor a volar se desarrolla luego de un mal vuelo, es decir, de una mala experiencia. Del mismo modo, el temor a manejar puede experimentarse luego de un serio accidente automovilístico.

No obstante, muchas de las personas con miedo a manejar no han presentado efectivamente experiencias traumáticas propias o de allegados como para atribuir su temor exclusivamente a esta causa. Esto tiene que ver con que los accidentes de tránsito pueden vivenciarse de diversas formas: habiendo experimentado un accidente, siendo conductora o acompañante, o también siendo espectadora del mismo; cualquiera de estas experiencias puede llegar a provocar la fobia, siempre y cuando la persona tenga una estructura de personalidad pasible de ser afectada por estos hechos.

ARGUMENTOS MACHISTAS

Un dato llamativo es que aproximadamente el 90% de las personas que realizaron el curso de "fobia al volante" son mujeres, por lo que se podrían suponer dos cosas: en primer lugar, que las mujeres son más propensas a padecer de estos temores (ya veremos por qué); en segundo lugar, también se podría pensar que sólo las mujeres se animan a pedir ayuda para superarlos (mientras que los hombres también padecen temores pero por algún motivo no solicitan ayuda).

Otra cuestión que aparece con frecuencia es cierto menosprecio hacia las capacidades de las mujeres para la conducción de automóviles, que puede provenir de la sociedad en general, de su familia de origen, o de la pareja. Está instalado en buena parte de la sociedad que las mujeres “no saben manejar”; es común escuchar en la vía pública, a modo de improperio hacia las mujeres que conducen, la frase “andá a lavar los platos”, expresión machista que intenta expresar que al sexo femenino le correspondería esa actividad y no precisamente la de conducir. Este tipo de comentarios están instalados en el imaginario social y resuenan en forma negativa en algunas mujeres. Es común encontrarnos con relatos de mujeres que cuentan que sus padres enseñaron a conducir a los hijos varones pero no a sus hijas; o bien que los padres llegan a pagar un curso de manejo a sus hijas pero aclarándoles que nunca les prestarían el auto. En estos casos son los mismos progenitores quienes se encargan de socavar la autoestima y la seguridad de aquellas personas que desean aprender a manejar.

APRENDIZAJE TARDÍO

Lo que se puede rastrear en la mayoría de los casos es que hubo un aprendizaje tardío: los temores se producen mayormente en mujeres que comenzaron a conducir después de los veinticinco años aproximadamente. Este hecho, si bien no es invalidante para ningún aprendizaje, condiciona los tiempos de la evolución y adquisición de habilidades. No se aprende de la misma forma ni al mismo ritmo cuando la persona es más joven; más aún, no se consideran de la misma manera los riesgos del tránsito en la adolescencia tardía que en la adultez.

MALAS EXPERIENCIAS DE APRENDIZAJE

Existen diversas formas de aprender a manejar: sea cual fuere la elegida, todas se basan en un proceso estándar, donde no se tiene muy en cuenta al sujeto del aprendizaje, único e irrepetible. A la persona con cierta tendencia fóbica que no se la puede escuchar o de quien el instructor no pueda descubrir sus necesidades, es posible que cualquier contratiempo en el proceso de aprendizaje termine llevando al abandono del mismo.

El nudo de la problemática pasa por el tipo de personalidad de cada mujer que desea salir a la calle; aquellas personas en quienes están dadas todas las condiciones para que conduzca en la vía pública, seguramente lo hará, no importa el obstáculo que se le interponga en su camino. Pero en quienes, debido a su tipo de personalidad, tengan dificultades para aprender esta actividad o sean susceptibles a la aparición de temores, es muy posible que surjan estas inhibiciones.

Fuente: Mujeres al Volante



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