Seguridad Vial - Seguridad Pasiva

El miedo, más que nublar, oscurece  


La Agencia de Seguridad Vial determinó en un estudio que existe un 30 por ciento más de riesgo en choques con vidrios con mayor polarizado que el permitido. No reducen el calor y tampoco son más seguros. La mitad de los autos tienen polarizado no permitido.

Los autos con vidrios polarizados tienen 30 por ciento más de riesgo de sufrir un choque grave; también crece el riesgo de atropellar peatones, ciclistas o motociclistas. Además es falso –pese a lo que muchos suponen– que esos revestimientos disminuyan el calor en la cabina o filtren de algún modo los rayos ultravioletas. Por último, es dudoso que brinden alguna seguridad contra delitos, ya que su privacidad facilita, por ejemplo, el secuestro de su conductor o acompañantes. La entidad Cesvi efectuó ensayos científicamente controlados para demostrar los peligros de estos implementos, que, pese a estar prohibidos por la Ley de Seguridad Vial, se usan actualmente en más del 50 por ciento de los automotores. El titular de la Agencia Nacional de Seguridad Vial advirtió que “todas las jurisdicciones deberían controlar e impedir el uso de vidrios polarizados”.

“En los últimos años se registró un incremento exponencial de los vehículos con vidrios polarizados. Las personas expresan distintos motivos por los cuales deciden polarizar los vidrios de su vehículo: para reducir la temperatura en el habitáculo, protegerse de los rayos ultravioletas, por seguridad. Estas respuestas exponen el desconocimiento al respecto, que termina generando mitos alejados de la realidad”, puntualiza el informe del Cesvi.

Una de las pruebas consistió en tomar dos vehículos de la misma marca, modelo y color, cuya única diferencia es que uno tenía los vidrios originales de fábrica y el otro vidrios polarizados. “Se colocaron los dos vehículos bajo techo durante dos horas para igualar las condiciones de temperatura. Luego se instalaron equipos de medición dentro de cada habitáculo y ambos vehículos fueron colocados al sol durante una hora. Se eligió un día despejado, al mediodía, con temperatura superior a los 30 grados”: al cabo de 60 minutos, las temperaturas, en ambos vehículos, rondaban los 60 grados centígrados: 61,6 sin polarizado y 59,6 con polarizado. “La diferencia es insignificante e imperceptible”, puntualizó Gustavo Brambati, especialista en seguridad vial de Cesvi Argentina.

Otra de las pruebas consistió en verificar el cumplimiento de la norma IRAM-AITA 1H3, de aplicación obligatoria, según la cual el grado de transparencia que deben tener los vidrios de los vehículos debe ser superior al 70 por ciento. Cesvi envío al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) muestras de vidrio con los laminados tonalizados (comúnmente llamados polarizados) disponibles en plaza: ninguna resultó cumplir la norma. En cambio, el modelo de lámina CR-90 (que la firma 3M comercializa como Crystalline CR-90) “permite filtrar efectivamente los rayos infrarrojos, es totalmente transparente y cumple los requerimientos de transparencia lumínica de la Ley Nacional de Tránsito”, según el informe.

Quizá la prueba más impresionante fue la que puso números al riesgo aumentado de choque con vidrios polarizados. El Cesvi –entidad sostenida por compañías aseguradoras– cuenta con un desarmadero al que ingresan autos chocados. “Primero establecimos una muestra representativa, tomando en cuenta la proporción de vehículos con vidrios polarizados en circulación y anotando sólo los que llegaban con choques laterales. Luego comparamos la cantidad de choques laterales según el auto tuviera o no vidrios polarizados: encontramos que los polarizados presentan un 30 por ciento más de choques laterales que los que tienen vidrios sin polarizar”, explicó Brambati. El experto observó que “a ese valor debe añadirse el riesgo de, por falta de visión lateral, encerrar y atropellar a ciclistas, motociclistas y peatones, que no fue medido en la investigación”.

Otro estudio consistió en “mojar el vidrio como si se tratase de un día de lluvia: con el polarizado, en esas condiciones, resultó muy difícil distinguir objetos o leer un cartel; en cambio con el vidrio transparente se podía leer aun bajo condiciones de lluvia”, contó Brambati. También se constata que “los vidrios polarizados dificultan particularmente la visión durante la noche: impiden percibir contraste entre colores, lo cual es muy importante para reconocer objetos, especialmente hacia los costados, donde los faros del auto no llegan”.

En todos los casos, el vidrio polarizado “restringe la visión periférica del conductor, produciendo un efecto ‘caja de zapatos’, e impide la comunicación visual con otros conductores o con peatones: el peatón que va a cruzar una calle, por ejemplo, suele verificar visualmente si el conductor en la bocacalle advirtió su presencia: esa posibilidad de percibir actitudes o gestos es un valor importante para generar acciones en el tránsito”.

Por último, “la gente tiene la sensación de que el auto es más seguro con vidrios polarizados, pero varios casos de secuestros callejeros aprovecharon que el auto de la víctima tenía este tipo de vidrio: es mucho más fácil que una escena de violencia pase desapercibida en un auto con vidrios polarizados”, comentó el especialista del Cesvi.

En rigor, los polarizados ni siquiera merecen su nombre: “No responden a la definición óptica de cristal polarizado: su única característica es la opacidad. Y las funciones que se les atribuyen son en realidad cumplidas por otras láminas: la CR-90 para el calor, o las láminas antivandálicas, que son más resistentes a los golpes y evitan que el vidrio forme astillas si llega a romperse”, explicó Brambati.

–Si la ley los prohíbe, ¿por qué se permiten? 

–No es nada difícil de controlar; sólo se trata de que exista la voluntad de hacerlo –contestó Brambati–. La ley nacional lo exige y las jurisdicciones provinciales deben hacerla cumplir. Lamentablemente, incluso en las verificaciones técnicas vehiculares (VTV), a menudo el vehículo con vidrios polarizados no es rechazado, sino que sólo se lo consigna como observación. Esta falta de control incentiva su uso.

Fuente: Pagina12



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